Hay momentos que no planeás. El sol se cuela por la persiana, la sábana se enreda en tus piernas, y de repente estás posando sin querer posar. Sin espejo. Sin segundas tomas. Solo vos, la luz, y el instante.
Esta foto es de esos días en que nada sale mal porque nada está bajo control. El pelo revuelto, la camisa que no es mía, el reflejo en la ventana que no esperabas.