Hay noches en las que una se anima a mostrarse como realmente es. Sin filtros, sin poses, sin el qué dirán.
Esta foto la saqué después de la ducha, con el pelo todavía mojado y esa sensación de libertad que solo da la madrugada. Me miré al espejo y pensé: ¿por qué guardarme esto solo para mí?
Hay algo en el color lavanda que me hace sentir más yo. Más suave. Más libre.
Esta foto es de esas que no planeás, que simplemente pasan cuando la luz y el momento se alinean. Y cuando vi el resultado, supe que tenía que compartirlo con vos.
Son casi las 12 y acá estoy, despierta, con esta luz rosada que me hace sentir que es un momento solo mío... y tuyo también, si querés.
No es fácil confesar estas cosas. Pero hay noches en las que una se anima a mostrar un poco más de lo que muestra de día.
No sé si es la luz de la tarde o las ganas, pero esta selfie me salió diferente. Hay fotos que no son para Instagram, no son para el algoritmo, no son para nadie más que para vos.
Tomátela con calma. Mirá bien. Que esto es solo entre vos y yo.
Hay fotos que nunca salen del carrete. Las que te sacás cuando el sol recién entra por la ventana, cuando la ropa está en el piso y el único filtro es la luz natural.